Pruebas más realistas

Fotograma de las pruebas del casco

Pruebas de impacto en Team Wendy

La función del casco

Los cascos de protección deben amortiguar una amplia gama de fuerzas de impacto, desde golpes contundentes de baja energía que no provocan conmoción cerebral hasta caídas y colisiones más graves.

En primer lugar, un breve repaso. El cuerpo humano posee energía cinética cuando está en movimiento. La energía se dispersa si entra en contacto con otra fuerza u objeto. Es el casco el que ayuda a absorber esta energía cinética en el momento del impacto, en lugar de dejar que la cabeza (y, por consiguiente, el cerebro) reciba el impacto de la fuerza. En casos balísticos, la carcasa del casco está diseñada para detener la bala (con un rendimiento que varía según el modelo y que viene definido por su índice V50, determinado mediante pruebas balísticas).

Es importante analizar el rendimiento específico en V50 de cada casco, ya que este parámetro refleja directamente su resistencia balística. La espuma dura del interior del casco ayuda a absorber la energía residual del impacto. El acolchado adicional de espuma blanda aporta comodidad y amortiguación.

¿Cómo amortigua un casco los impactos contundentes?

Un impacto contundente se produce cuando un objeto golpea directamente la cabeza, transmitiendo una fuerza que puede afectar al cerebro incluso sin penetrar en el cráneo. Por ejemplo, caerse y golpearse la cabeza contra el suelo puede provocar lesiones graves. La gravedad de este tipo de impacto está estrechamente relacionada con la rapidez con la que la cabeza desacelera al entrar en contacto: cuanto más rápida sea la frenada, mayor será la fuerza transmitida al cerebro. Por el contrario, los impactos balísticos implican proyectiles pequeños y de alta velocidad, como las balas, que suponen un tipo diferente de amenaza debido a su velocidad y a su energía concentrada.

Más allá de las amenazas por impactos y proyectiles, los cascos también deben hacer frente a los peligros relacionados con las explosiones. Las explosiones provocadas por artefactos explosivos improvisados (IED), cargas de perforación u otras explosiones generan ondas de choque que pueden causar lesiones primarias por explosión —efectos de la onda de presión que pueden contribuir a un traumatismo cerebral—. Además, las lesiones secundarias causadas por los escombros que salen disparados (balísticas) y las lesiones terciarias provocadas por el impacto contra objetos (por impacto) ponen aún más de relieve la compleja función protectora que deben desempeñar los cascos en entornos de alto riesgo.

Imagen de un cerebro en color amarillo

Los químicos e ingenieros de Team Wendy analizan la respuesta ante impactos de las espumas y otras estructuras de amortiguación, con el fin de mejorar las capacidades de protección de los revestimientos de nuestros cascos ante una amplia gama de velocidades de impacto. Diseñamos y formulamos internamente la composición química de las espumas con diferentes respuestas y llevamos a cabo ensayos de impacto y compresión, tanto de forma independiente del casco como en el marco de un sistema completo, para analizar su respuesta tensión-deformación, lo que nos permite modelar cómo responderá el sistema ante diversos tipos de impactos.

Las amenazas balísticas plantean un reto totalmente distinto en cuanto a la mitigación de la energía. Team Wendy ha participado en numerosas iniciativas de I+D para diseñar y adaptar materiales innovadores para el forro interior de los cascos balísticos, así como para comprender mejor cómo la optimización puede limitar los traumatismos. A través de un proyecto de investigación financiado por el BAA del USSOCOM, hemos perfeccionado los materiales de acolchado para minimizar la transferencia de fuerza al cráneo, trabajando con niveles de energía cinética que antes solo podían mitigarse mediante la carcasa exterior rígida del casco.

Hombre con gorra trabajando con maquinaria

Para profundizar en nuestro conocimiento sobre cómo los cascos pueden proteger contra las lesiones cerebrales primarias provocadas por explosiones, hemos llevado a cabo ensayos de explosión en vivo utilizando prototipos avanzados de cabezas artificiales que simulan condiciones reales. Como parte del programa de Investigación Innovadora para Pequeñas Empresas (SBIR) del Ejército de los Estados Unidos, también hemos realizado ensayos en tubo de choque con los materiales del revestimiento interior de los cascos para evaluar su respuesta a las ondas de choque. Además, organizamos una mesa redonda con expertos destacados para analizar las últimas investigaciones e innovaciones en materia de mitigación de los traumatismos cerebrales relacionados con las explosiones.

Pruebas más realistas

El método tradicional para determinar la protección que ofrece un casco frente a un impacto contundente consiste en someterlo a ensayo mediante una torre de caída uniaxial. Básicamente, este método evalúa los impactos frontales, lo que no refleja la totalidad de una situación real, ya que, en concreto, no tiene en cuenta los impactos angulares o rotacionales, que son importantes para mitigar el traumatismo craneoencefálico. Por supuesto, contamos con este equipo para realizar las pruebas en nuestras propias instalaciones; sin embargo, a lo largo de los años hemos introducido cambios y avances significativos en la forma en que evaluamos el rendimiento de un casco frente a impactos contundentes.

Cuando se producen impactos en la vida real, la cabeza puede realizar movimientos complejos. Cada vez se sabe más que los movimientos angulares o rotatorios, en particular, contribuyen a la tensión del tejido cerebral. Teniendo en cuenta estos fenómenos, nuestro objetivo es mejorar la capacidad de los cascos para mitigar las conmociones cerebrales.

El equipo de Wendy sigue llevando a cabo ensayos internos e independientes para comprender cómo los diseños de los cascos y los forros pueden reducir las aceleraciones rotacionales. Gracias a una subvención de la Oficina de Investigación Naval, colaboramos con varias universidades y grupos de investigación para analizar los mecanismos celulares de la lesión cerebral traumática leve (mTBI) y relacionar la respuesta celular con la cinemática del impacto en la cabeza. Como parte de esta investigación en curso, hemos desarrollado nuevos métodos de ensayo que incorporan impactos reales y tienen en cuenta el movimiento rotacional, con el fin último de diseñar mejores cascos que ofrezcan una protección real.

Casco colocado en una cabeza de maniquí fijada a un banco de pruebas

Tecnología de materiales

Team Wendy desarrolla y fabrica sus propias espumas de poliuretano, que se utilizan en nuestros cascos específicamente para mitigar los impactos y absorber la energía.