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La evolución de las normas en la evaluación de los cascos balísticos

Investigación y desarrollo

9 de julio de 2025

Una reevaluación de los parámetros de rendimiento de los cascos balísticos

Los cascos balísticos han sido durante mucho tiempo un pilar fundamental de la protección de los agentes, tanto en el ámbito militar como en el policial. Sin embargo, es posible que los criterios utilizados para evaluar el rendimiento de los cascos deban someterse a una actualización significativa. Este boletín sugiere que el sector cuestione el énfasis tradicional en la deformación de la parte posterior del casco (BFD) y abogue por un cambio hacia parámetros que reflejen mejor la capacidad de supervivencia en situaciones reales, concretamente, la resistencia a la penetración y los umbrales balísticos V50.

Deformación de la cara posterior (BFD): un indicador útil, pero limitado

El BFD mide la profundidad de la deformación del casco en su superficie interior cuando recibe el impacto de un proyectil no penetrante. Históricamente, este parámetro se ha utilizado para estimar el riesgo de traumatismo contuso en el cráneo y el cerebro. El umbral comúnmente aceptado es de 25,4 mm (1 pulgada), basándose en la hipótesis de que una deformación más profunda aumenta el riesgo de lesión.

Aunque el BFD sigue siendo un factor relevante en el diseño de los cascos —especialmente para reducir las lesiones por conmoción cerebral—, no es el factor determinante más importante para la supervivencia. No hemos encontrado ningún caso documentado de un agente de las fuerzas del orden que haya fallecido a causa de un traumatismo relacionado con el BFD cuando el casco ha impedido con éxito la penetración. Esto sugiere que, si bien el BFD puede servir de referencia para la prevención de traumatismos craneoencefálicos, la ergonomía y la comodidad del casco, no debería ser el criterio principal para la protección balística y, en última instancia, para la supervivencia.

Resistencia a la penetración: el principal factor de supervivencia

Los datos más concluyentes proceden de un estudio del Departamento de Defensa de 2018 en el que se analizaron 77 cascos de combate que habían recibido impactos de armas ligeras. Los resultados fueron inequívocos:

  •  El 74 % de los impactos que atravesaron el casco resultaron mortales.
  •  El 0 % de los impactos que no penetraron provocaron la muerte.
Tabla de datos de cascos recuperados y dañados en combate

Este hallazgo pone de relieve una verdad fundamental: la resistencia a la penetración es el factor más decisivo para la capacidad de protección de un casco. Los cascos que detienen las balas —aunque presenten un BFD más elevado— son mucho más eficaces a la hora de salvar vidas que aquellos que se limitan a minimizar la deformación.

También hay innumerables ejemplos reales, como el de un soldado estadounidense que sobrevivió a un disparo de 7,62 mm en la cabeza gracias a un casco que impidió la penetración. Volvió al servicio con heridas leves, lo que pone de manifiesto la importancia de una resistencia balística sólida para salvar vidas.

Umbral balístico V50: un indicador más completo

La clasificación V50 representa la velocidad a la que un proyectil tiene un 50 % de probabilidades de penetrar en el casco. Se trata de una medida estadística que refleja la capacidad del casco para resistir diversas amenazas balísticas, entre las que se incluyen los disparos de pistola, los disparos de rifle y la fragmentación.

A diferencia del BFD, que es una medición de un solo punto, el V50 ofrece una visión más amplia del rendimiento balístico. Los cascos con valores de V50 más altos tienen más probabilidades de detener proyectiles de alta velocidad, lo que los hace más adecuados para los entornos tácticos modernos.

Sin embargo, los artículos señalan que los estándares de V50 varían según los protocolos de ensayo:

  •  El NIJ se centra en las amenazas con armas cortas.
  •  Las normas STANAG de la OTAN y MIL-STD de EE. UU. incluyen amenazas de disparos de rifle y de fragmentación.

Esta falta de estandarización puede dificultar a las agencias la comparación de cascos de distintos fabricantes. No obstante, el V50 sigue siendo un parámetro más predictivo y práctico para evaluar la eficacia de los cascos en situaciones reales.

Conclusión

El enfoque tradicional que se centra en la deformación de la cara posterior (BFD) como principal indicador de seguridad está siendo cada vez más cuestionado. Si bien la BFD sigue siendo un factor útil a tener en cuenta en el diseño y es importante, es la resistencia a la penetración —y, por extensión, el rendimiento V50— lo que se correlaciona más directamente con la supervivencia de los agentes en incidentes balísticos.

A medida que las fuerzas del orden siguen modernizando su equipamiento, es fundamental adaptar los criterios de evaluación de los cascos a la realidad sobre el terreno. Las pruebas son claras: los cascos que detienen las balas salvan vidas.